No llega el final de un largometraje compostelano
porque mis dedos peregrinan por tu piel
buscando el albergue donde descansar
la lujuria y el deseo.
Entre tantos silencios hemos encontrado
terrenos abruptos superados
similares a los vividos
y nos lanzamos al mar de horizonte incierto.
Donde llegan besos impacientes,
caricias dormidas ante el sueño,
la conformidad de lo extraño
sin prisa, pero sin pausa...
Atrás quedan cielos durmiendo con estrellas,
huaynos de vestidos negros que bailaron
al compás de una lucha con batalla perdida,
guerras terminadas y completas.
Atrás quedó el quedarse en casa esperando,
el llorar ante el desamparo,
las vigilias de santos patronos
de la tontería.
Incesto delincuente de almas,
padres, madres, primas, cuñadas,
familias grandes que no crecen
si cuando despierto... puedo verte.
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