Hay días y días,
en los que te revuelves entre arena
y atrapas mariposas al mismo tiempo.
En los que resuelves las últimas dudas
antes de acostarte ante el viento
que llega desnudo y casi muerto,
al compás de las olas dormidas,
de las noches de ensueño,
de la blanca luna
y los duendes buenos...
Hay días y días,
tardes, noches y amaneceres,
cuando las madrugadas lloran
y el deseo ardiente de la mirada ciega
se descompone ante el silencio y la ausencia
que tiñe la piel de un rojo quemado,
las entrañas de un gris insípido
y los ojos de negro,
opacos, que se humedecen ante la precariedad de los sueños,
la antorcha que no llega a apagarse.
Hay días y días.
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