me moje y salga empapado hasta las trancas y resfriado.
Hay quien se ha callado tres versos y cuatro estrofas para que no sepa quién me quiere, cómo me quieren...
Hay a quien espero a la vuelta de la esquina, siendo yo quien ponga la zancadilla en sus labios y caiga entre mis brazos para saber si me quiere y cómo me quiere...
Y para esconderme a la vuelta de la esquina, donde nadie trabaja... me pongo al frente y me digo:
¡Ay! Si me hubiera puesto antes a la vuelta de la esquina,
¿dónde estaría yo ahora?
Quizá más estrecho y arrogante...
pero en la misma esquina que el galante,
que ama, ríe y bebe...
sin importar quien se espante.
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